El TALENTO UNAL EN LA COP 16.


Durante la 16ª Conferencia de las Partes (COP16) del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD, por sus siglas en inglés, Convention on Biological Diversity), organizada por las Naciones Unidas en Cali, Colombia., un grupo diverso de jóvenes, incluidos estudiantes y egresados de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), participó activamente en un esfuerzo colectivo orientado a promover la esperanza y contribuir a la construcción de paz. Estos jóvenes, provenientes de distintas disciplinas, aportaron valiosos enfoques desde sus respectivos campos de conocimiento con miras a un futuro más armonioso con la vida. En particular, algunos jóvenes vinculados al sector agropecuario, así como a la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL, destacaron que la producción de alimentos, cuando se basa en el respeto a la biodiversidad, no debe ser vista como una noción contrapuesta, sino como elementos complementarios que pueden coexistir dentro de un desarrollo equilibrado y resiliente.
La COP16 del CBD fue un espacio de intensos debates y negociaciones sobre retos como la pérdida acelerada de biodiversidad, el cambio climático y la necesidad urgente de restaurar ecosistemas degradados. Sin embargo, a pesar de los avances en la discusión sobre estos desafíos, las decisiones clave sobre la creación de un nuevo fondo de financiación específico para la biodiversidad, así como el análisis global de las 'Estrategias y Planes Nacionales de Acción sobre Biodiversidad' (NBSAP, por sus siglas en inglés, National Biodiversity Strategy and Action Plan), incluidos los objetivos nacionales para evaluar el progreso hacia la consecución del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal (GBF, por sus siglas en inglés, Kunming-Montreal Global Biodiversity Framework), fueron aplazadas debido a la falta de quórum después de más de 10 horas de deliberaciones; se espera que estos temas sean discutidos en la COP17, programada para 2026. No obstante, más allá de los desafíos y obstáculos, lo que realmente emergió como un acto de resistencia y esperanza fue la participación activa de la juventud, reafirmando su papel fundamental como agentes activos de transformación, dispuestos a actuar, aprender y proteger, incluso en medio de la incertidumbre.
Mientras tanto, la implementación y el seguimiento efectivo de las metas de biodiversidad continúan siendo un desafío significativo. Sin embargo, se alcanzaron avances en aspectos cruciales, como el consenso sobre un nuevo mecanismo de reparto de beneficios para los recursos genéticos, conocido como el “fondo de Cali”, y la creación de un nuevo órgano subsidiario para los pueblos indígenas, el cual les permitirá, por primera vez, asesorar y presentar directamente sus puntos de vista en las COPs sobre biodiversidad.
Aunque los acuerdos alcanzados en la COP16 no resolvieron todos los problemas inmediatos, el evento dejó en evidencia que el cambio es un proceso que requiere persistencia y organización a largo plazo. Los retrasos en la implementación de acuerdos cruciales, como la creación de un fondo financiero para la biodiversidad, generan incertidumbre sobre la efectividad de las decisiones a corto plazo. Sin embargo, estos desafíos subrayan la necesidad de seguir fortaleciendo las bases sociales y académicas, promoviendo un diálogo inclusivo y transparente que involucre a diversos actores sociales y científicos.
En este contexto, la 29ª Conferencia de las Partes (COP29) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés United Nations Framework Convention on Climate Change), en desarrollo hasta el 22 de noviembre de 2024, avanza en las negociaciones sobre el papel crucial de la agricultura y los sistemas agroalimentarios como pilares fundamentales para enfrentar la crisis climática global. Iniciativas como la plataforma conjunta liderada por el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR por sus siglas en ingles, Consultative Group on International Agricultural Research) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en el pabellón de alimentación y agricultura en la zona azul de la COP29, buscan fomentar el diálogo colaborativo y la toma de decisiones informadas, promoviendo estrategias que integren la adaptación climática y la mitigación de emisiones con el fortalecimiento de la seguridad alimentaria, hídrica y nutricional. Estas acciones son especialmente relevantes para pequeños productores y comunidades en situación de inseguridad alimentaria, quienes enfrentan los mayores desafíos. A la vez, las negociaciones en esta cumbre destacan el potencial de los sistemas agroalimentarios no solo para garantizar la sostenibilidad en la producción de alimentos, sino también para aumentar la resiliencia de los ecosistemas frente a los efectos adversos del cambio climático. Este enfoque refuerza la continuidad de los compromisos establecidos en cumbres previas como la COP16 del CBD, subrayando la necesidad de soluciones integrales que vinculen la resiliencia agrícola con la justicia climática y la conservación de la biodiversidad. De hecho, se ha subrayado la necesidad de integrar políticas y enfoques que reconozcan la interdependencia entre la agricultura, la biodiversidad y el cambio climático, promoviendo un sistema agropecuario que no solo asegure la producción alimentaria para las generaciones futuras, sino que también garantice la conservación de los recursos naturales y la adaptación a los desafíos climáticos. Esta relación integral está marcando la pauta para el futuro de las políticas agroambientales a nivel internacional. Sin embargo, el camino hacia un futuro más justo se ve opacado por tensiones políticas, incertidumbres financieras y la falta de una implementación efectiva de los acuerdos alcanzados.
De acuerdo con esto, la reflexión de los jóvenes participantes en la COP16 del CBD y COP29 del UNFCCC ofrece una valiosa perspectiva sobre el papel fundamental de las nuevas generaciones en la lucha por un futuro más resiliente. Las experiencias vividas en la COP16 Y COP29 nos enseñan que el cambio no es un proceso inmediato, sino gradual, y que las pequeñas acciones, aunque puedan parecer insignificantes, son la semilla de transformaciones colectivas significativas. En este sentido, la academia tiene un rol fundamental, ya que no solo es capaz de aportar soluciones científicas innovadoras, sino que también puede facilitar el diálogo interdisciplinario necesario para abordar de manera integral los problemas que enfrenta el planeta. La ciencia animal, por ejemplo, tiene el potencial de contribuir tanto a la seguridad alimentaria como a la restauración de ecosistemas mediante el desarrollo de prácticas agropecuarias respetuosas con la naturaleza.
El desafío que enfrentamos es crear una sinergia entre la ciencia, las políticas públicas y las acciones concretas a nivel local, donde cada actor tiene un papel clave en la implementación de las soluciones. La interdisciplinariedad, se convierte en un punto crucial para que los avances en genética animal, acuicultura, agricultura entre otras áreas puedan traducirse en un beneficio sustancial a la biodiversidad y una acción climática eficaz. Es esencial que, desde la academia se trabaje en colaboración con los sectores políticos y sociales para diseñar políticas públicas basadas en evidencia científica, que a su vez sean inclusivas y accesibles para todos los actores y especialmente para las comunidades más vulnerables.
Por tanto, el compromiso de los jóvenes, evidenciado tanto en su participación activa en conversaciones globales sobre biodiversidad y cambio climático como en sus esfuerzos desde la academia, demuestra que el cambio, aunque desafiante, es un proceso continuo lleno de aprendizaje y resiliencia. Los jóvenes de la UNAL, especialmente en las áreas agropecuarias, han mostrado cómo la integración de enfoques científicos y prácticos puede transformar los sistemas alimentarios, haciéndolos resilientes y respetuosos con la biodiversidad. Este liderazgo juvenil es fundamental para impulsar soluciones que equilibren las necesidades humanas y el cuidado de los ecosistemas, marcando un camino hacia un cambio profundo y duradero que aborde los retos globales con determinación y creatividad.
Nota Científica escrita en colaboración con la estudiante de zootecnia de la FMVZ María Angelica Barrera Ospina - (Coordinadora de biodiversidad y punto focal para el Convenio sobre la Diversidad Biológica -CDB de la Organización Juvenil Life of Pachamama).

